Canciones, aromas... momentos...

Seguramente el tema no tiene nada de novedoso, pero durante la semana y media que he tenido de vacaciones, y antes también (sólo que por el stress –yaaaaa- me doy menos cuenta) he podido volver a sentir con fuerza cómo una canción o un aroma nos pueden trasladar en el tiempo, -y a veces verdaderamente hacer revivir- a momentos, lugares, instantes... de todo tipo en un segundo.
En mi caso es un tema complejo, puesto que desde muuuuuy chica (sí, fui más chica en alguna oportunidad), quienes me conocen más, suelen molestarme, porque luego de los primeros acordes de la canción que sea que suene en la radio, tele, o cualquier aparato musical, digo “¡me encanta esta canción!”, o “¡qué buen tema!”
Viendo a Juan Luis Guerra y los 4:40, me trasladé a aquellas mañana de verano del 87 u 88 (sí, soy vieja, y qué?), cuando mi mamá nos llevaba a mi hermano y a mí a clases de natación en las mañanas. Mientras daba mis primeros aletazos en el agua, solía sonar en lo parlantes de la piscina la canción “Me enamoro de ella” y se me pegó, aunque en ese entonces no me gustaba. Esa fue mi primera aproximación a Juan Luis, y verlo esta noche me hizo recordar hasta el olor del pasto de la piscina, que tanto me gustaba, y de lo entrete que eran esos veranos.
También me acordé de los dos mejores merengues que he bailado en mi vida. Fue en un matrimonio hace un par de años... Bajo los sones de “El costo de la vida” y “Buscando visa para un sueño”, me anduve medio enamorando de mi compañero de baile, por que nunca antes había bailado un merengue tan coordinado y con tanta química como esa vez, pero ese es otro cuento...
Tal vez porque casi he logrado desligarme de las noticias, en los últimos días he pensado casi obsesivamente (¿obsesiva yo?) en canciones que me provocan sensaciones fuertes, o que marcaron situaciones de mi vida.
Por ejemplo, cada vez que escucho “She drives me crazy” de Fine Young Canibals, me acuerdo de una tarde en la casa de mi abuela materna viendo “Más música” o “Magnetoscopio musical” con mis primas. El recuerdo es muy feliz.

No puedo dejar de mencionar la primera vez que de vuelta en Chile después de mi primer viaje a Alemania (en 2002), volví a escuchar “When your heart is weak” de “Cook Robin”. Se me pararon los pelos y me dieron cosquillas en el estómago porque fue como si en un segundo hubiera estado otra vez en ese tren a todo trapo que tomé en Erlangen con rumbo a Leipzig, a ver al tipo que me había (¿había?) robado el corazón. Es increíble como, cada vez que escucho esa canción, recuerdo el paisaje, la lluvia, y la sensación nerviosa-ansiosa-feliz de ese momento.

Podría seguir escribiendo toooooda la noche, porque de verdad son decenas las canciones que se me vienen a la mente... hasta una de Julio Iglesias “Fuiste mía”, que me recuerda las tardes de invierno, con lluvia y yo lateada en mi casa de la niñez, tomando té en la cocina... o los odiados tangos con los que mi papá me despertaba los domingos en la mañana cuando se levantaba al alba para hacer el aseo total de la casa... por suerte con el tiempo me he reconciliado con los tangos, y ahora hasta me gusta bailarlos.
¿Qué más? “Palabras de amor” de Serrat y Amaya; “La quiero a morir” de Francis Cabrel (todavía podría valer lo que algunos saben al respecto); “El gato triste y azul” de Roberto Carlos; “Total eclipse of the heart” de Bonnie Tyler (¿han visto lo freak que es el video?, es lejos lo más loco que he visto); “Geile zeit” de Juli; “Not enough love” de Faithless; e incluso “Life is life” de Opus. Todas me teletransportan.

La “situación” (como dice mi amiga Berni) con las canciones, es como lo que ocurre con los olores. Hace dos noches veníamos de vuelta de Pucón (gran viaje) con mis amigos Ceci y Kike, y nos bajamos en un “Pronto” de las afueras de Temuco para comer. Apenas abrimos las puertas del auto, la Ceci y yo dijimos casi al unísono “puaj, huele a mierda de vaca”. Y ambas nos miramos con cara de “¿quéeeeeeee?” cuando el Kike dice...”me encanta este olor”.
Tras la sorpresa inicial, y ya dentro del recinto, sin el pestilente aroma ambiente, nos contó con los ojos brillantes de alegría que ese olor le recordaba cuando jugaba con su hermana Claudia (mi amiga flakis) en el campo de su abuelo en Osorno, y se tiraban en bicicleta sobre montañas de paja y a veces también restos de vaca... Lo contó con tanta alegría que al salir no comenté otra vez lo asqueroso de aquel aroma.
En mi caso, el olor a lentejas que antes me cargaba, ahora me lleva a lo días lunes en mi casa, cuando llegaba del colegio y los muebles estaban desordenados, porque estaban encerando el piso con pasta de zapato, aroma que me traslada al mismo momento, y a los domingos en la noche, cuando antes de acostarme, tenía que lustrar los zapatos para la semana (porque sólo lo hacía ese día).
Una cosa similar me pasa con los perfumes. Debo reconocer que aún cuando hay algunos que hoy por hoy me cargan, todavía, cuando los siento en algún lugar me hacen cosquillas en el estómago, porque me recuerdan a algún personaje de mi history, pero ese también es otro cuento.
En fin, la media volada... y todo por Juan Luis Guerra (que me encantó...todavía canta la raja y me llama a bailar... quiero mi disco de vuelta!!!) que me dio el empuje para escribir sobre este tema, que hace día daba vueltas en mi pequeña y enredada cabecita...